Historia del Derecho

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Texto 23

TEXTO 23

a) Valoración de las fuentes.

Una fuente histórica es un documento o texto que nos proporciona información sobre el pasado. En este caso, se trata de una fuente primaria ya que, aunque no es coetánea a los hechos que narra (mientras que San Isidoro vivió entre los siglos VI y VII de Xto., los hechos narrados en ella son del año 454 de Xto.) ha llegado a nosotros sin ninguna modificación. En este caso, la fuente está tomada de la obra de San Isidoro de Sevilla, Historia Gothorum. En ella, el autor narra la historia del Reino Visigodo de Toledo, que se estableció sobre el legado de la Hispania romana, desde mediados del siglo V de Xto. hasta el 711 de Xto., con la invasión musulmana de la Península.

En cuanto al autor, San Isidoro (Cartagena, hacia 556 – Sevilla, 636) fue obispo, teólogo y erudito de la España visigoda, elevado a la santidad por la Iglesia Católica y proclamado, más tarde, Doctor Universal de la Iglesia. Su padre, llamado Severiano, pertenecía a un familia hispano-romana de elevado rango social; su madre, en cambio, era de origen visigodo y, según parece, estaba lejanamente emparentada con la realeza.

Se formó con lecturas de san Agustín y san Gregorio Magno; estudió en la escuela Catedralicia de Sevilla donde aprendió latín, griego y hebreo. Al morir su hermano Leandro, arzobispo de Sevilla, lo sucedió en el gobierno de la diócesis, y su episcopado duró 37 años (599-636). Vivió en una época de transición entre la decadencia de la Edad Antigua y del mundo romano, y el nacimiento de la Edad Media y de las nuevas nacionalidades de influencias germanas.

En ese contexto, se propuso recomponer las debilitadas estructuras culturales de España, y desplegó todos sus recursos pedagógicos para contrarrestar la creciente influencia de las culturas consideradas bárbaras. Propició el desarrollo de las artes liberales, del derecho y de las ciencias, y en el Cuarto Concilio Nacional de Toledo, iniciado el 5 de diciembre del 633, estableció las bases de un decreto que impuso una política educativa obligatoria para todos los obispos del reino.

b) Resaltar la importancia y la trascendencia de los pactos entre romanos y visigodos.

En primer lugar es necesario decir que vamos a ver la evolución de los pactos  entre romanos y visigodos para poder apreciar su relevancia.

Comenzaremos diciendo que el pueblo visigodo, que había acordado con Roma su asentamiento en las provincias orientales y había vivido desde entonces sucesivamente en Tracia y Mesia, rompió el pacto a comienzos del siglo V y dejó aquel territorio, quizá motivado por la presión de sus vecinos los hunos o bien por su deseo de habitar mejores y más seguras tierras, dirigiéndose  hacia Occidente al mando de Alarico I. En el 410, saqueó Roma y prosiguió su marcha hacia las Galias, de donde el general romano Constancio, hombre fuerte del emperador Honorio, le expulsó. De allí pasó a Hispania en el año 415, tal vez con el propósito de instalarse en África. Esta fecha suele marcar el comienzo de la Hispania visigoda.

Pero frustrado su proyecto de cruzar el Estrecho, Roma aprovechó esta circunstancia para concertar con su guía o rey, Valia, nuevos pactos que le permitirían alejar a los visigodos de la Península y a la vez utilizarlos para combatir a los otros pueblos invasores. Un foedus entre Constancio y Valia, celebrado en el año 418, estipuló el abandono por los visigodos de las tierras hispanas y su regreso a las Galias, donde constituirían un reino y fijarían su sede en Tolosa, desde donde, como aliados de Roma, emprenderían sistemáticas campañas para expulsar de Hispania a los otros pueblos.

Era evidente que, pese a los incumplimientos y rupturas anteriores, Roma seguía confiando en los visigodos, pues, de entre los bárbaros habían alcanzado un mayor nivel de romanización, de asimilación de de las instituciones, lengua, religión y organización romanas. Por ello, cuando se establecieron en las Galias los reyes visigodos rigieron no sólo sobre su propio pueblo, sino también, a modo de magistrados romanos, sobre la población galo-romana.

De acuerdo con su compromiso, los visigodos en poco tiempo lograron expulsar a vándalos y alanos, en tanto que, menos importantes y peligrosos, los suevos fueron en principio respetados. En las zonas liberadas, Roma pudo seguir recaudando sus impuestos.

A lo largo de la época visigoda en Hispania, tenemos que destacar que el romanismo fue caminando hacia su ocaso. Con Leovigildo y con sus sucesores se sentaron las bases de un reino visigodo hispánico independiente del Imperio no sólo desde el punto de vista político sino también ideológico.

c) ¿Cuál es la situación jurídica de España a raíz de los hechos bélicos narrados y hasta la consolidación del reino visigodo de Toledo?

El texto narra una serie de hechos acontecidos en la primera mitad del siglo V de Xto., durante el reinado de Valia, rey de los visigodos. El pueblo visigodo había cruzado toda la Península Ibérica (al ser expulsado de las Galias por el general romano Constancio) pero, al llegar al Estrecho vio imposibilitado su avance hacia África. En esta precaria situación, el rey visigodo se vio obligado a pactar con Constancio (en representación de Roma) una serie de pactos o foedus, en el que se acordó que los visigodos abandonasen Hispania para instalarse en las Galias, fijando su sede en Tolosa (la actual Toulouse). Con este acuerdo, Roma consiguió que los visigodos expulsaran de la Península al resto de pueblos germano (suevos, vándalos y alanos), con los que mantenía una relación abierta de hostilidad.

Teóricamente Hispania seguía siendo una provincia romana. De facto, la realidad era bien distinta. Dado el avanzado estado de desmembración del Imperio Romano de Occidente, Roma ya no tenía el dominio de antaño sobre el territorio peninsular. Esta situación se acentuó a partir del reinado de Eurico (segunda mitad del siglo V de Xto.), quien fue reconocido por el emperador romano Nepote como legítimo gobernante de Hispania y las Galias.

Con la caída del Imperio Romano de Occidente, se consolida definitivamente el dominio visigodo en Hispania, estableciéndose la capital del Reino en Toledo, debido a su situación estratégica en el centro de la Península.

d) Señalar las fases del asentamiento de los visigodos en España.

Los acontecimientos que determinan el tránsito de la Hispania romana a una Hispania visigoda arrancan hacia el año 409 cuando, varios pueblos “bárbaros”, los suevos, los vándalos y los alanos, irrumpieron violentamente en la Península Ibérica sembrando la destrucción, la anarquía y la miseria en el país. Merced de un posible pacto entre ellos, dos años más tarde, decidieron asentarse y repartirse algunas regiones.

Por entonces, otro pueblo también de origen germánico: el pueblo visigodo, que había acordado un siglo antes su asentamiento en las provincias orientales y había vivido desde entonces sucesivamente en Tracia y Mesia, rompió el pacto a comienzos del siglo V y dejó aquel territorio dirigiéndose hacia Occidente. En el 410, saqueó  Roma y prosiguió su marcha hacia las Galias. De allí pasó a Hispania en el año 415, tal vez con el propósito de instalarse en África, marcando el comienzo de la Hispania visigoda. Pero, frustrado su proyecto de cruzar el Estrecho, Roma aprovechó esta circunstancia para concertar nuevos pactos que le permitirían alejar a los visigodos de la Península y a la vez utilizarlos para combatir a los otros pueblos invasores.

De acuerdo con su compromiso, los visigodos en poco tiempo lograron expulsar a vándalos y alanos, en tanto que, los suevos fueron en principio respetados en sus confines galaicos, donde constituyeron su propio reino.

La situación en España comenzó a cambiar hacia el año 472, cuando la crisis política y económica del Imperio romano occidental presagiaba su inminente e inevitable ruina total. El rey visigodo Eurico anexionó en aquel año la provincia Tarraconensis al reino tolosano, y antes de la caída del Imperio en el 476 llegó a poseer en pleno derecho las prefecturas de Hispania y las Galias. La nueva situación política permitió el progresivo desplazamiento al sur de los Pirineos de las familias godas y el incremento de enclaves militares, que se situarían probablemente en la comarca de la Tierra de Campos y en otros puntos de la Meseta norte.

Sin embrago, las inmigraciones más notables se produjeron 30 años más tarde, cuando, hostilizados los visigodos arrianos por los francos católicos de Clodoveo I, y derrotados por éstos en la batalla de Vouillé o de los Campos Vogladenses, perdieron el reino de Tolosa. Por entonces debió nacer el proyecto de restaurar el reino visigodo y fijar su nueva capital, pero en otras tierras, en la conocida Hispania. Así se inició el trasplante a ésta del aparato político visigodo y un proceso de expansión en Hispania.

2 diciembre 2009 - Posted by | El Derecho Visigodo

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